Colosal festejo en la capital del país.
Las cornetas, las exclamaciones, el bullicio, el tráfico incesante, la prepotencia de algunos jóvenes y a la vez de adultos influenciados por algunos tragos componen al unísono un año más de celebraciones con motivo de nuestra sanguinaria y heroica independencia, lograda a base de sueños personales, colectivos, de hambre para mostrar que esta nación también tenía la capacidad para ser un país organizado y que sería capaz de convivir a lo largo de los años en medio de armonía y un común acuerdo, respetando siempre los derechos individuales.
Han pasado décadas y al final hemos descubierto que en todo el mundo se es completamente igual la forma de pensar, o al menos así nos lo han hecho saber, nos pintan a los líderes como gente avariciosa y pretenciosa, que solo juegan con discursos bonitos para que la población caiga en juegos y siga sublevándose sin queja alguna, o al menos no una realmente poderosa y anárquica.
Y ante la impotencia que muchos de los mexicanos sentimos, no queda más que disfrazarnos de humanos orgullosos por el trabajo de nuestros antepasados, que algún día nos sacaron de una importante y pesada represión.
Es por eso que en las calles se respira el ambiente a orgullo y victoria, a fiesta y celebración, dejando por un día de lado todos aquellos problemas en los que actualmente nuestra sociedad se encuentra envuelta, sin embargo, esto no se debe criticar por completo, pues en una nación en la que día a día se reciben noticias sangrientas y lamentables, es positivo olvidarse y alejarse de esas situaciones y distraerse en compañía de las personas que mejor las hacen sentir y con quién la diversión y el desahogo puede llegar con toda confianza.
Y fue bien pensado el festejo para el bicentenario, pues 200 años no son una cifra fácil de alcanzar, razón por la que se organizó una celebración sin precedentes, plagada de eventos a lo largo del país, exceptuando a las poblaciones dañadas por el mal tiempo, conciertos ensordecieron a millones, desfiles con carros alegóricos y militares sensacionalmente coordinados nos arrancaron una sonrisa y por último, lo más espectacular, que a cada uno de nosotros dejó atónito: el impresionante espectáculo de juegos pirotécnicos, que pintaron en el cielo los colores de nuestro país, haciéndolos ver imponentes y con una esperanza de crecer y de que aún hay grandeza dentro de esta gente.
El ruido y la iluminación fueron tan imponentes y magníficos que en la plancha del zócalo provocaron la temporal paralización de los asistentes y los inminentes escalofríos de emoción que rodeaban los cuerpos de cada uno de los presentes y testigos a lo largo del país.
Al terminar la enorme presentación luminosa junto con los gritos de independencia, se escuchó un estruendoso rugido de la gente, clamando por un México que pueda levantarse de toda adversidad y pueda luchar en cualquier situación de crisis.
Sin duda, un festejo necesario para alzar el ánimo y acelerar los corazones.
Dense un quemón! http://www.youtube.com/watch?v=n-jYT3z7ZFI&feature=related